HCD ROSAS

Entronización del retrato del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas en la H. Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires.
-En la sesión del 11 de octubre de 2006, la H. Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, aprobó por unanimidad, la siguiente iniciativa del Diputado Horacio R. González.
"La Cámara de Diputados de Buenos Aires resuelve emplazar en el ámbito de esta Honorable Cámara, el retrato del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, propuesto por la legislatura y el pueblo bonaerense en los períodos 1829-1832 y 1835-1852".

ROSAS - QUIROGA

Correspondencia entre Rosas y Quiroga:
Ante el pedido de organización del país solicitado por Facundo Quiroga, Juan Manuel de Rosas fundamenta su negativa expresando, entre otros argumentos, lo suguiente:
San Antonio de Areco, diciembre 20 de 1834.
Mi querido compañero, Señor Don Facundo Quiroga.
Nadie, pues, más que usted y yo podremos estar más persuadidos de la necesidad de una Constitución Nacional, la organización de un Gobierno General, y de que es el único medio de darle ser y respetabilidad a nuestra República. ¿Pero quién duda que este debe ser el resultado felíz de todos los medios proporcionados a su asecución? ¿Quién aspira a un término marchando en contraria dirección? ¿Quién para formar un todo ordenado y compacto, no arregla y solicita, primeramente antes bajo una forma regular y permanente, las partes que deben componerlo? ¿Quién forma un ejército ordenado con grupos de hombres, sin jefes, sin oficiales, sin disciplina, sin subordinación, y que no cesan un momento de acecharse y combatirse contra sí, envolviendo a los demás en sus desórdenes? ¿Quién forma un ser viviente y robusto con miembros muertos o dilacerados, y enfermos de la más corruptora gangrena, siendo así que la vida y robustez de ese nuevo ser en complejo no puede ser sino la que reciba de los propios miembros de que se haya de componer?.-continuando más adelante-si dentro de cada Estado en particular no hay elementos de poder para mantener el orden respectivo, la creación de un Gobierno General representativo no sirve más que para poner en agitación a toda la República a cada desorden parcial que suceda, y hacer que el incendio de cualquier Estado se derrame por todos los demás. Así es que la República de Norte América no ha admitido en la Confederación los nuevos pueblos y provincias que se han formado después de su independencia, sino cuando se han puesto en estado de regirse por sí solos, y entre tanto los ha mantenido sin representación en clase de estados, considerándolos como adyacencias de la República.
Después de esto, en el estado de agitación en que están los pueblos, contaminados todos de unitarios, de logistas, de aspirantes, de agentes secretos de otras naciones y de las grandes logias que tienen en conmoción a toda la Europa, ¿qué esperanza puede haber de tranquilidad y calma al celebrar los pactos de la Federación, primer paso que debe dar el Congreso Federativo, en el estado de pobreza en que las agitaciones políticas han puesto a todos los pueblos? ¿Quiénes, ni con qué fondos podrán costear la reunión y permanencia de ese Congreso, ni menos de la Administración General?. ¿Con qué fondos van a contar para el pago de la deuda exterior Nacional invertida en atenciones de toda la República, y cuyo cobro será lo primero que tendrá encima luego que se erija dicha administración?.Fuera de que si en la actualidad apenas se encuentran hombres para el Gobierno particular de cada provincia, ¿de dónde se sacarán los que hayan de dirigir toda la República?. ¿Habremos de entregar la Administración General a ignorantes, aspirantes, unitarios y a toda clase de bichos? ¿No vimos que la constelación de sabios no encontró más hombre para el Gobierno General que a Don Bernardino Rivadavia, y que éste no pudo organizar su Ministerio sino quitándole el cura a la Catedral, y haciendo venir de San Juan al Dr. Lingotes (se refiere a Salvador María del Carril) para el Ministerio de Hacienda, que entendía de este ramo lo mismo que un ciego de nacimiento entiende de astronomía?.
El tiempo; el tiempo solo, a la sombra de la Paz y de la tranquilidad de los pueblos, es el que puede proporcionarlo y señalarlo. Los Diputados deben ser Federales a prueba, hombres de respeto, moderados, circunspectos, y de mucha prudencia y saber en los ramos de la administración pública, que conozcan bien a fondo el Estado y circunstancias de nuestro país, considerándolo en su posición interior bajo todos aspectos, y en la relativa a los demás Estados vecinos y a los de Europa, con quienes está en comercio, porque hay grandes intereses y muy complicados que tratar y conciliar, y a la hora que vayan dos o tres Diputados sin estas cualidades, todo se volverá un desorden, como ha sucedido siempre, esto es, si no se convierte en una zanda de pillos, que viéndose colocados en aquella posición y sin poder hacer cosa alguna de provecho para el país, traten de sacrificarlo a beneficio suyo particular, como lo han hecho nuestros anteriores Congresos, concluyendo sus funciones con disolverse, llevando los diputados por todas partes el chisme, la mentira, la patraña, y dejando envuelto al país en un mare magnum de calamidades de que jamás pueda repararse.-para culminar expresando-La máxima de que es preciso ponerse a la cabeza de los pueblos cuando no se les pueda hacer variar de resolución es muy cierta; más es para dirigirlos en su marcha, cuando esta es a buen rumbo, pero con precipitación o mal dirigida, o para hacerles variar de rumbo sin violencia y por un convencimiento práctico de la imposibilidad de llegar al punto de sus deseos. En esta parte llenamos nuestro deber, pero los sucesos posteriores han mostrado a la clara luz que entre nosotros no hay otro arbitrio que el de dar tiempo a que se destruyan en los pueblos los elementos de discordia, promoviendo y fomentando cada gobierno por sí el espíritu de paz y tranquilidad. Cuando este se haga visible por todas partes, entonces los cimientos empezarán por valernos de misiones pacíficas y amistosas por medio de las cuales sin bullas, ni alboroto, se negocie amigablemente entre los gobiernos, hoy esta base, mañana la otra, hasta colocar las cosas en tal estado que cuando se forme el Congreso lo encuentre hecho casi todo y no tenga más que marchar llanamente por el camino que la opinión pública le haya designado. Esto es lento, a la verdad, pero es preciso que así sea, y es lo unico que creo posible entre nosotros, despues de haberlo destruido todo, y tener que formarnos del seno de la nada.
Adios compañero. El Cielo tenga piedad de nosotros, y dé a usted salud, acierto y felicidad en el desempeño de su comisión: y a los dos, y demás amigos, iguales goces, para defendernos, precavernos y salvar a nuestros compatriotas de tantos peligros como nos amenazan.
Juan Manuel de Rosas.
Ilustraciones: Asesinato de Quiroga y Caballeria Rosista.
Bibliografía consultada: Enrique M. Barra-2° edición.-

FELIPE ARANA

FELIPE ARANA: (1789-1865)
Hombre de gran talento, doctor en leyes; Ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina a partir de 1835 hasta la caída de Rosas en 1852, cuando se retira a la actividad privada hasta su muerte, sin haber sido jamás molestado por sus vencedores.
Se destacó a partir de 1820, por su militancia en las filas del Partido Federal, oponiéndose firmemente a la política del iluminismo rivadaviano.
Fue diputado provincial y elegido presidente de la legislatura bonaerense en 1828. Durante el gobierno provincial de Rosas, fue varias veces gobernador y Capitán General delegado, en ausencia de don Juan Manuel. Durante su gestión en la función pública, destacóse por su gran capacidad de trabajo, talento, decencia y bondad, según lo expresaban sus propios adversarios. Su alto espíritu patriótico, lo lleva a ser designado Ministro de Relaciones Exteriores en épocas de dificiles acontecimientos que tuvo la Confederación Argentina contra las dos potencias extranjeras más poderosas del planeta, como Francia e Inglaterra; su capacidad y consecuencia con la firme decisión de Rosas, permiteron brillantes logros en política internacional, colocando a la Argentina, al frente de la América soberana. Fue amigo, confidente y muy apreciado por Rosas, que lo apodaba familiarmente “Felipe Batata”.
Al morir el 11 de julio de 1865, el doctor Lahitte, expresaba del doctor Arana: “El señor Arana fue sin duda un hombre espectable por su probidad; un ejemplar padre de familia; buen amigo, modesto en sus costumbres, benefactor en sus acciones. Era digno de llevar el nombre de cristiano, que ostentó constantemente como primer blasón, como el más glorioso timbre de su nombre”.

SARMIENTO

Así se expresaba Domingo Faustino Sarmiento sobre el Gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas!
…Otra manera de conocer a nuestros grandes hombres…
“Rosas era un republicano que ponía en juego los artificios del sistema popular representativo. Era la expresión de la voluntad del pueblo, y en verdad que las actas de elección así lo demuestran.
Esto era un misterio que aclararán mejores y más imparciales estudios que los que hasta hoy hemos hecho. No todo era terror, no todo era superchería. Grandes y poderosos ejércitos lo sirvieron años y años impagos.
Grandes y poderosos capitalistas lo apoyaron y sostuvieron. Abogados de nota tuvo en los profesores patentados del derecho. Entusiasmo, verdadero entusiasmo, era el de millares de hombres que lo proclamaban el Grande Americano.
La suma del poder público, todas las palabras vacías, como es vació el abismo que le fue otorgado por aclamación. Senatus Consulto y plesbicito, sometiendo al pueblo a la cuestión”.
Conceptos de Domingo Faustino Sarmiento, en “Biografía de Vélez Sarsfield”.

MITRE Y LA UNION NACIONAL

La Confederación Argentina, intentaba luego de la Batalla de Caseros, la organización Nacional; la presidía el General Justo José de Urquiza. El acuerdo de San Nicolás, y la sanción de la Constitución Nacional de 1853, tuvieron a Buenos Aires ausente en esta etapa de la vida institucional de la Nación. Bartolomé Mitre, diputado provincial en el año 1856, expresaba su posición política respecto de la situación imperante en la Nación: “Nosotros, los porteños, decía Mitre, no podemos abdicar nuestra posición, no podemos suicidarnos, subordinándonos a un sistema que está en pugna con nuestro modo de ser, que ha sido organizado en nuestro daño…Urquiza, por su parte, no puede resignarse a abrir una brecha para introducir por ella el caballo de los griegos, porque admitir a Buenos Aires con su organización y con sus principios, sería para él, lo mismo que introducir la disolución en su propia obra. La solución pacífica y fecunda en resultados, es la nacionalización del Estado de Buenos Aires, bajo la denominación de República del Río de la Plata, en conmemoración de las antiguas Provincias Unidas, que levantaron en los tiempos heroicos el estandarte de la emancipación: y al decir nacionalización entiéndase que no decimos separación perpetua, sino que asumimos respecto de la Confederación la misma posición que ella ha asumido respecto de nosotros, pero con las mismas armas, la misma bandera…con el nombre tradicional de argentinos, hasta que uno de los principios representados por estas dos entidades triunfe por la absorción o se uniforme con el andar del tiempo. Ensayemos, pues, la organización nacional de cada uno de esos sistemas opuestos. Quedan de parte de Buenos Aires las antiguas tradiciones de la República Argentina; afirme la bandera de los principios que los enemigos de Rosas tuvieron siempre enarbolada, acepte los antecedentes históricos legados por Rivadavia y diga al mundo en alta voz: Yo soy la República del Río de la Plata, y proclamo al constituirme en Nación soberana el principio de la libre anexión de unas provincias a otras, porque yo soy con mejor derecho quien representa a la Nación Argentina.”
Luego vendrá la Batalla de Cepeda en 1859, y tras el triunfo de las armas del ejército de la Confederación, sobre el de Buenos Aires, se producirá la incorporación de Buenos Aires a la Confederación Argentina.

BUENOS AIRES 1820

BUENOS AIRES, AÑO 1820.
A partir de 1820, en la jóvenes Provincias Unidas del Río de la Plata, se producen importantes cambios institucionales.
La Constitución de 1819, centralista y unitaria, impulsada desde la ciudad puerto de Buenos Aires, sin el consenso mínimo del resto de las provincias hermanas, permitió que fuese “usurpado el mando de la Nación”, lo que generó el levantamiento de los caudillos del litoral, encabezados por Artigas, Ramírez y Estanislao López. Dicha situación, tuvo graves consecuencias políticas y militares, como la fractura del ejército del Norte. Al recibir la orden de reprimir a los jefes federales, se sublevan los generales José María Paz y Bustos; el General San Martín, por su parte, decide no participar con el ejército libertador en la represión, tomando la histórica decisión de continua su misión liberadora en el Alto Perú.
A comienzos de 1820, los jefes federales del litoral vencen a las fuerzas “directoriales” en la batalla de Cepeda, provocando la renuncia de su jefe, el General Rondeau, que es impuesto del Pacto celebrado en la Capilla del Pilar el 23 de febrero del mismo año.
En su artículo 1º, expresaba que “el voto de las provincias de su mando, respecto del sistema de gobierno que deba regirlas, se ha pronunciado a favor de la federación, que de hecho admiten. Pero, que debiendo declararse por Diputados nombrados por la libre elección de los pueblos, se someten a sus deliberaciones. A este fin, elegido que sea por cada provincia, popularmente, su respectivo representante, deberán los tres reunirse en el Convento de San Lorenzo, de la provincia de Santa Fe. Y como están persuadidos que todas las provincias de la Nación, aspiran a la organización de un gobierno central, se comprometen a invitarlas y suplicarles concurran con sus respectivos Diputados para que acuerden cuanto pudieran convenirles y convenga al bien general." Como consecuencia del triunfo federal en Cepeda, la provincia de Buenos Aires sufre un accidentado tránsito hacia su nueva organización institucional. Sucédense como gobernadores en el curso de 1820, Manuel de Sarratea, Juan Ramón Balcarce, Ramos Mejia, Miguel Soler, Manuel Dorrego, Marcos Balcarce, Martín Rodríguez y el Cabildo de Buenos Aires.
Recién en enero de 1821, se consolida la figura del General Martín Rodríguez como Gobernador de Buenos Aires, con el apoyo político, económico y militar de Juan Manuel de Rosas, quien a través del pacto de Benegas, establece “la paz, armonía y buena correspondencia entre las provincias de Buenos Aires y Santa Fe y sus gobiernos”.
En 1826, Rivadavia y sus seguidores, sancionan una nueva constitución como en 1819, iniciando de esta manera un nuevo proceso institucional de espaldas al Interior, lo que provocará décadas de enfrentamientos entre los argentinos…
Carlos Hugo Hadad.

RANCAGUA

ACTA DE RANCAGUA
El año 1820 producía en las nacientes Provincias Unidas del Río de la Plata, un colapso institucional. Ante la iniciativa de “organización nacional” realizada por Buenos Aires, inconsulta del resto de las provincias interiores, se sublevan un grupo de oficiales jefes del Ejército del Norte a cargo del General Belgrano; desde Buenos Aires, el poder ejercido por el Directorio, se ve tambalear ante el avance, además, de los caudillos federales del litoral. Se decide entonces, convocar al Ejército de los Andes al mando del General San Martín, con asiento en Chile, a reprimir la sublevación; el Libertador pone a consideración de su Estado Mayor su jefatura y determina que sean los Jefes y oficiales quienes determinen los pasos a seguir, en virtud de no existir ya la autoridad Nacional.
Ante la difícil situación político-institucional en Buenos Aires, y la posibilidad de liberación de Chile y Perú, los oficiales jefes de ese glorioso Ejército de Los Andes, producen el 2 de abril del año 20, la recordada “Acta de Rancagua”, ratificando como única autoridad del mismo, al General José de San Martín, y continuar con su gesta liberadora.
Expresaba el acta: “En la ciudad de Rancagua, a 2 de abril de 1820, reunidos todos los señores jefes y oficiales del Ejército de los Andes en la casa del Estado Mayor, a presencia del señor Coronel Jefe del Estado Mayor del ejército expedicionario y Comandante General del mismo, se abrió un pliego rotulado para dicho señor y dirigido por S.E. el señor General en Jefe con expresión en el sobre de no romper el lema hasta no estar reunida toda la oficialidad, procediéndose a su lectura por el señor Comandante General, concluyó y se procedió a la votación, según está prevenido, para elegir nuevo Jefe en virtud de no existir gobierno que nombró al presente, y como en el mismo acto tomase la palabra el señor Coronel comandante del N° 8, don Enrique Martínez, y expusiere que no debía procederse a la votación por ser nulo el fundamento que para ella se daba de haber caducado la autoridad del señor General, fue preciso considerar esta objeción, que al mismo tiempo reprodujeron los señores coroneles don Mariano Necochea, don Pedro Conde y don Rudecindo Alvarado, y proceder después a la votación de los señores oficiales que unánimemente convinieron en lo mismo, quedando por consiguiente sentado como base y principio que la autoridad que recibió el señor General para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país no ha caducado porque su origen, que es la salud del pueblo, es inmutable. En esta inteligencia, si por algún accidente o circunstancia inesperada faltase por muerte o enfermedad el actual, debe seguirlo en la sucesión del mando el Jefe que continúe en el próximo inmediato grado del mismo Ejército de los Andes, y para constancia lo firmaron un oficial más antiguo de cada clase de todos los cuerpos y todos los señores Jefes.” Firmaron el acta:
Comandante de Artillería, Manuel Herrera; Sargento Mayor Francisco Díaz; Capitán Eugenio Girout; Teniente José Olavarría; Ayudante Hilarión Cabrera.
Comandante Granaderos a Caballo, Nicasio Ramallo; Comandante de Escuadrón, Benjamín Viel; Sargento Mayor, Juan O’Brien; Capitán, Bernardino Escribano; Teniente, Pedro Ramos; Alférez, Antonio Espinosa;
Batallón N° 7, Comandante Pedro Conde; Sargento Mayor, Cirilo Correa; Capitán, Félix Villota; Teniente, Miguel Cortes.
Batallón N° 8, Comandante Enrique Martínez; Capitán, Manuel Nazar; Teniente Niceto Vega; Subteniente José del Castillo.
Batallón N° 11, Capitán Comandante Román Dehesa; Capitán José Nicolás de Arriola; teniente Miguel Castro; Subteniente José Ignacio Plaza.
Cazadores a Caballo: Comandante Mariano Necochea; Sargento Mayor Rufino Guido; Capitán Manuel José Soler; Teniente Pedro Ramírez; Alférez Manuel Lacruz.
Estado Mayor General: Gral. Juan Gregorio de Las Heras, Jefe de Estado Mayor; Segundo Jefe, Juan Paz del Castillo; Coronel Rudecindo Alvarado; Tte. Coronel Juan José Quesada; Sargento Mayor Luciano Cuenca; Ay. Secretario Francisco de Sales Guillermo; Of. De Ordenanza Javier Antonio Medina; secretario Juan Andrés Delgado.
Rancagua, 2 de abril de 1820.
Ilustraciones: Bandera del Ejercito de Los Andes y Ejercito de Los Andes cruzando la cordillera.

Discurso de Perón